Ideario político

Hablar de un ideario político decrecentista es muy complicado, ya que al ser una corriente con un, de momento, breve recorrido tanto teórico como temporal, y sobre todo con muchos interrogantes, aún no ha asentado el movimiento sobre una base ideológica y política clara y sólida. Sin embargo, es evidente que todo movimiento social tiene un carácter político y el decrecentismo no es una excepción, sobre todo teniendo en cuenta el calado del cambio que pretende esta corriente, un cambio en los modos de consumo, modos de explotación, ambos de carácter económico. Para llevar a cabo estos cambios económicos es estrictamente necesario que se produzcan cambios de calado social y político. El capitalismo y/o el neoliberalismo han unido lo social, lo económico y lo político y por ello el cambio económico también ha de suponer cambios tanto sociales como políticos.


 La teoría del decrecimiento, a pesar de no poseer un ideario político concreto, sí que tiene una serie de líneas maestras que podrían describirse como un germen del mismo. Así pues, tanto las corrientes ecologistas como algunos principios anarquistas pueden ser consideradas dentro de este movimiento.  A grandes rasgos, el objetivo final es puramente ecologista. Sin embargo, para llegar a él hay que tomar medidas, entre las cuales se encuentra el llamado “localismo” que defiende la localización en grupos pequeños de personas con el fin de que sean lo más autosuficientes posibles. Estas “microsociedades”, ya pregonadas por diversos movimientos anarquistas, podrían trabajar de diversas maneras (cooperativismo, por ejemplo), cambiando de manera radical los modos de explotación de los recursos, los modos de producción de bienes y las interrelaciones sociales de las personas. Todo ello en beneficio de ese objetivo ecológico al que ya he hecho referencia.


 Dice Alexis Rodríguez en un artículo aparecido en Parrhesia: “¿en algún momento se pone en tela de juicio la propiedad privada y su injusto reparto? No hemos visto ninguna crítica a la apropiación individual ni se plantea una colectivización de los bienes; sólo se cuestiona la sobreproducción, generalmente especulativa, que esquilma los recursos con mayor velocidad de lo que es capaz de reprocesar la naturaleza. ¿Se cuestiona el sistema político basado en la jerarquía y privilegios personales? Simplemente no”. Rodríguez acusa al decrecentismo de no combatir la raíz del problema: el concepto de propiedad privada, el patronazgo, el lucro y demás construcciones capitalistas. Sin embargo, cuando los teóricos decrecentistas hablan de cambios en los métodos de consumo y producción... ¿No están hablando de acabar con el capitalismo? Aquí observamos de nuevo la indefinición a la que he venido haciendo referencia. Además, parece evidente que un decrecimiento es necesario con o sin capitalismo de por medio. Por tanto, el capitalismo es “sólo” una parte, muy grande eso sí, del problema.


 Y en cualquier caso, es casi imposible imaginar un localismo con unos conceptos de propiedad, producción y unos modelos de consumo remotamente parecidos a los del sistema capitalista actual. Así pues, esta teoría sí defiende la desaparición del capitalismo en sus aún débiles postulados, al menos como condicionante.

 

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