No se puede decrecer creciendo

En plena crisis económica (aunque lo económico sea solo un síntoma de una crisis mucho más profunda), se leen informaciones asombrosas. Haciendo un repaso por diferentes artículos, análisis y datos, se encuentran premisas de una compleja sencillez   -si se prefiere, las llamadas causas-efectos de la crisis- e, incluso, soluciones que si no se aplican es porque la mayoría de los ciudadanos hacemos más bien poco por mejorar la situación.

 

Hay tanta confusión que al final todo parece claro (... ¿o al revés?) La columnista Begoña Huertas decía hace poco en Público: "Cuando uno piensa que media población tiene trabajo pero no tiene tiempo, y la otra media tiene tiempo pero no tiene trabajo, se tiene la sensación de manejar las piezas de un puzzle para niños de 0-3 años” (1).Tiene razón: lo primero que no se entiende es la distribución del trabajo (y mucho menos del trabajo-renta). Todos aquellos que se empecinen en seguir en un sistema que se ha demostrado ineficaz pueden escudarse en las "profundas complejidades" de una ecuación que, a todas luces, parece muy simple. Aquí entra la teoría del decrecimiento, que hace patentes los ilógicos mecanismos por los que se rige el libre mercado a la vez que propugna poner en marcha ciclos más afines al hombre y a la naturaleza.

 

Solo decrece el bienestar

 

El que escribe, sin pretender entrar en análisis económicos que están fuera de su alcance, se pregunta si de verdad es tan utópico, tan irrealizable, un reparto más equitativo de las horas, la calidad y el salario laborales. ¿No se supone que cuanto más avanzadas son las sociedades, más trabajo y sufrimiento habrían de ahorrarse gracias a las nuevas tecnologías, los avances científicos, los descubrimientos académicos? ¿Cuántas veces o con cuánta fuerza han de pronosticar los expertos todo tipo de crisis -la del petróleo, la telemática, la medioambiental y, si se quiere, hasta la peligrosidad de los tsunamis en zonas altamente sísmicas, centrales nucleares incorporadas- para que se escuche y haga algo al respecto? Dirigiendo la atención a nuestro propio día a día, ¿por qué si antes era suficiente con un salario a jornada completa de uno de los componentes de la familia, ahora la mayoría de las familias necesita de dos, ninguno de los cuales a tiempo parcial? ¿Cómo se conjuga la gran cantidad de despidos en, como ejemplo por ser un caso actual, Telefónica, con los aumentos de beneficios de altos directivos o de la empresa en general [ver suplemento Negocios, El País, 1/05/11]?

 

Al final, gracias a obscenos mecanismos como los muchas veces truculentos ERES, las joint ventures, las salidas a bolsa, las empresas más fuertes a nivel nacional e internacional siguen obteniendo ingentes cantidades de dinero. Recordemos que, siguiendo con el mismo ejemplo, el beneficio neto de Telefónica  subió el año pasado un 30,8% hasta alcanzar los 10.167 millones de euros (gracias en gran parte a las plusvalías contables por importe de casi 3.500 millones de euros afloradas con la compra de Vivo), recuperando el puesto de la empresa con mayores beneficios del país  [Reuters, 25/02/11] (2). Todo para, dos meses después, anunciar su intención de recortar un 20% de la plantilla en España, el equivalente a más de 6.000 puestos de trabajo. ¿Son acaso estas contradicciones fáciles decomprender?

 

Vivienda y “nueva pobreza”

 

En el cuarto aniversario del pinchazo de la burbuja, el precio de la vivienda acelera su caída, siendo la mayor caída de la serie histórica activa desde marzo de 2003 (3) pero, ¿acaso está una buena parte de los jóvenes -principal grupo social dentro de la denominada “nueva pobreza”- independizándose, pudiendo por fin alquilar o comprando casas a un precio razonable? Miremos a nuestro alrededor. Vemos, incluso, cómo muchos [según datos de enero de este año de El Economista*, un 25%] han de renunciar a sus viviendas de protección oficial después de haber ganado el concurso por quedarse en paro o darse cuenta de que no pueden hacer frente a los pagos. La realidad es que quien está comprando inmuebles ahora es quien seguirá especulando en un futuro más o menos próximo.

 

Refuerzo de malos hábitos

 

Mientras los mercados financieros siguen a lo suyo (anuncio a navegantes: ayer comenzó Bolsalia 2011, la "gran feria de la Bolsa", a la que se augura un gran éxito ya que, según Finanzas.com: "este año las protagonistas serán los mercados financieros"), desde las instituciones tampoco se alenta precisamente al optimismo. Se encuentran múltiples y alarmantes signos de que esta crisis no está cambiando los malos hábitos financieros sino reforzándolos, como el hecho de que la Comisión Nacional de Valores haya decidido no aplicar la Ley de Economía Sostenible (4) que el Gobierno español aprobó en marzo que, si bien queda a años luz de hacer realidad el decrecentismo, al menos implicaría ciertas restricciones y una mayor exigencia de transparencia a la CMNV. Queda hablar sobre esta Ley, de la que para empezar no se salva ni el título, siendo un oxímoron insalvable decir ya en el artículo segundo que pretende “conciliar el crecimiento económico con la satisfacción de las necesidades presentes y futuras” cuando ha quedado ampliamente demostrado que sostenibilidad y crecimiento no son términos compatibles.

 

Aunque la desconfianza de los ciudadanos en que los políticos o las instituciones puedan hacer algo por mejorar la situación es creciente, estos continúan (a)probando medidas de transparencia y leyes económicas y sociales más o menos acertadas, en un intento desesperado de legitimar su credibilidad. El ciudadano, cada vez más desconcertado, o tal vez más resignado y ajeno, sigue los datos económicos sin entender las más fáciles ecuaciones. Pero, ¿cómo inferir sentido de datos tan contradictorios? ¿Es posible asimilar una contradicción de base?  Es necesario que alguien nos explique cómo se combinan la “x” y la “y”. Cómo puede ser que en una profunda crisis  económica  -ya llamada la Gran Recesión- Iberdrola haya superado en el último trimestre los 1.000 millones de beneficio, o que cuanto menos dinero tenemos haya que pagar más impuestos o ver nuestros salarios y pensiones congelados o disminuidos… o, aún más inexplicablemente, que haya que seguir pagando una casa aun cuando ya la hemos perdido.

 

Belén Lobos 

 

 

Referencias:

 

http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/directivos/eluden/crisis/elpepueconeg/20110501elpneglse_1/Tes

 

*http://www.eleconomista.es/vivienda/noticias/2663810/12/10/Ni-la-VPO-se-salva-el-25-de-los-adjudicatarios-renuncia-a-las-llaves-.html y http://www.elpais.com/articulo/madrid/Loteria/pisos/imposible/pagar/elpepiespmad/20110425elpmad_1/Tes

 

 (1) http://blogs.publico.es/begona-huertas/2011/04/28/el-trabajo-en-los-tiempos-del-paro/

 

(2) http://www.reuters.com/article/2011/02/25/telefonica-viernes-idESLDE71L1L420110225

 

(3) http://www.cotizalia.com/vivienda/2011/vivienda-acelera-ajuste-registra-abril-mayor-20110503-68118.html y http://casas.facilisimo.com/preciometro/

 

(4) http://www.economiasostenible.gob.es/ley-de-economia-sostenible/ y  http://www.fsmmadrid.org/web2/index.php/analisis-y-alternativas/260-economia-sostenible-no-es-lo-mismo-que-desarrollo-sostenible

 

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