Por un crecimiento de valores

El modelo actual dedica la mayor parte del tiempo de las personas a sus actividades laborales, dando la falsa ilusión de que a mayor tiempo trabajado, mayor felicidad. El tiempo de ocio, aquel en el que las personas están más felices, se ha visto reducido y nos hacen creer que la felicidad solo se alcanza a través de las ganancias que se obtienen del tiempo dedicado al trabajo. Esto genera una infelicidad evidente en la masa de trabajadora que ve cómo, a pesar de dedicar la mayoría del tiempo a su trabajo, no consigue ser feliz porque su nivel de vida le impide disfrutar de su tiempo libre.

 

Si se redujesen la jornada laboral y los niveles de producción, no solo alargaríamos la vida de los recursos naturales y el planeta, sino que el nivel de vida y el índice de felicidad aumentarían considerablemente. El problema se acentúa cuando ese tiempo escaso de ocio de las personas es empleado exclusivamente en el consumo. Desde arriba se nos dice que el consumo da la felicidad, una estrategia que, unida al concepto de la obsolescencia programada, se traducen en un aumento de estos hábitos.

 

El filósofo activista, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Fernández Liria, y muchos otros teóricos del decrecimiento lo secundan, se refiere a este fenómeno, no solo como una crisis de valores, sino como un auténtico "naufragio antropológico". Dice que "En la sociedad capitalista se ensamblan dos dispositivos contradictorios: lo que la hace capitalista y lo que la hace sociedad. El capitalismo expulsa a la sociedad hacia los márgenes; él está obligado estructuralmente a producir sin descanso, a reproducirse, a generar más capital."

 

El vídeo que se muestra a continuación está relacionado con el que los defensores de un ritmo y forma de vida distintos han denominado 'FIB', o índice de Felicidad Interior Bruta, en irónica relación al índice económico PIB.

Nos enfrentamos a un problema estructural en el que los individuos no saben o no pueden administrar libre y conscientemente su tiempo, desde que éste se ha capitalizado como un bien o servicio más bajo la premisa de "el tiempo es oro".  El funcionamiento del sistema ha tomado forma de bucle pernicioso en el que cuanto más "progresan" las sociedades en cuanto a tecnología y ciencia, más crecen la alienación y las ataduras, a la vez que disminuye la libertad individual de facto.

 

Naomi Klein se ha referido a nuestro sistema económico dentro de su 'Doctrina del shock' como un capitalismo del desastre. En palabras de Liria: "Desde que en los años ochenta comenzó la revolución de los ricos contra los pobres, el capitalismo rueda sin frenos hacia el abismo a un ritmo acelerado. Y nos arrastra a todos con él. Los negocios ya no funcionan bien más que en condiciones sociales de catástrofe". Las realidades cotidianas están repletas de historias que lo corroboran: crece la llamada crisis de los cuidados [de la que se habla en el apartado Crisis socio-demográfica], la alimentación y el bienestar empeoran, el sistema educativo imperante está puesto en duda, los espacios públicos se regulan y limitan; todo ello con la consecuente desconexión entre las personas y los ambientes y circunstancias que las rodean.

 

Es precisamente esta desconexión la que genera un malestar creciente en los indviduos, lo que por fuerza ha de repercutir en el ámbito social -de ahí que se hable de 'Estado del Malestar'- y cobra importancia la necesidad de descolonizar el imaginario. Según el libro "Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo", de Serge Latouche, "deberíamos querer una sociedad en la cual los valores económicos han dejado de ser centrales (o únicos), donde la economía está colocada en su lugar como simple medio de la vida humana y no como fin último, en la cual por lo tanto se renuncie a esta loca carrera hacia un consumo cada día mayor. Esto no es solamente necesario para evitar la destrucción definitiva del medio ambiente terrestre, sino también y sobre todo para salir de la miseria psíquica y moral de los humanos contemporáneos”.

 

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