Carlos Taibo

LAS SEIS OBSERVACIONES DE CARLOS TAIBO                                                   

En la mesa redonda Postdesarrollo, decrecimiento y relaciones norte-sur celebrada el 14 de abril de 2011 en La Casa Encendida de Madrid y organizada por la Federación de ONGs del Desarrollo de la CAM (FONGDCAM) y Obra Social Caja Madrid, Carlos Taibo realizó un claro y conciso acercamiento teórico al concepto del decrecimiento. 


En los veinte minutos de intervención, Taibo explicó el qué, el por qué y el dónde de esa teoría a través de seis observaciones concretas:

Un resumen de lo que es el decrecimiento. La propuesta del decrecimiento dice, en primer lugar, que tenemos que recelar de las “virtudes” del crecimiento económico que por todas partes se nos vende como si fuese una petición de Dios.  El crecimiento no genera, o no genera necesariamente, una cohesión social, se traduce muy a menudo en agresiones contra el medio ambiente y provoca el agotamiento de recursos que sabemos no van a estar a disposición de las generaciones venideras. En lo que se refiere a los países ricos –el crecimiento- bebe, en un grado u otro, del expolio de la riqueza humana y material de los países pobres, y permite el asentamiento de lo que algunos autores han dado en llamar ‘un modo de vida esclavo’ que nos hace pensar que seremos más felices cuántas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir.

Sobre esta base crítica, el decrecimiento afirma que tenemos que modificar radicalmente muchas de las reglas de juego imperantes en las sociedades del norte, y que tenemos que hacerlo, ante todo, por dos razones: la primera señala que la huella ecológica ha crecido de manera visible, en muy buena medida bajo responsabilidad de los países del norte; la segunda de las razones señala que sería un grave error relacionar, sin más, consumo con bienestar y felicidad. Podemos vivir mejor con menos.

Tenemos que reducir inexorablemente los niveles de producción y consumo en el norte opulento. Además, existen una serie de principios que no tienen un relieve menor: la necesidad de otorgar primacía a la vida social frente a la lógica frenética de la productividad, la competitividad y el consumo; alentar formas de ocio creativo, no mercantilizado; establecer fórmulas de renta básica de ciudadanía; reducir el tamaño de muchas de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte; recuperar la vida local frente a la lógica desbocada de la globalización.

 

Precisiones para deshacer posibles malentendidos sobre el decrecimiento. La primera relaciona decrecimiento y capitalismo: el decrecimiento no es un proyecto que venga a sustituir a las contestaciones históricas al capitalismo, es un agregado a esas contestaciones: no es imaginable un proyecto de contestación al capitalismo que no sea al mismo tiempo decrecentista, autogestionario y antipatriarcal. La segunda precisión es acerca de la aplicación del decrecimiento en los países del sur: no se pretende que estos reduzcan su producción y consumo pero sí que tomen nota de lo que nosotros hemos hecho mal en el norte opulento siquiera solo sea para no reproducir nuestros errores. En cuanto a la tercera precisión, no quiero dejar de ignorar que en el norte rico también hay pobres, cualquier proyecto de decrecimiento sensato tiene que ser un proyecto de redistribución radical de los recursos.

 

La dignidad moral del decrecimiento. En las sociedades de la opulencia tenemos que decrecer para disponer de un argumento sólido que emplear a efectos de demandar a los habitantes de las economías emergentes –como China e India- que no asuman la loca carrera del consumo que hemos desplegado nosotros en los últimos decenios.

El valor de las sabidurías populares de los pueblos del sur. Una anécdota cuenta: “Un grupo de misioneros se adentró en un lugar perdido de la amazonia brasileña y se topó con un grupo de indios que se dedicaba fundamentalmente a cortar leña con instrumentos primitivos, los misioneros decidieron hacer un esfuerzo y obsequiaron a los indios con unos cuchillos de acero inoxidable. Un par de años después regresaron de nuevo a esa región, se toparon con los indios y uno de los misioneros preguntó –“¿Y los cuchillos qué tal?”- El indio respondió –“Bien, tardamos ahora diez veces menos que antes en cortar la leña”- Inmediatamente terció el misionero –“Supongo entonces que estaréis produciendo diez veces más leña que antes”- El indio respondió perplejo –“No, señor, seguimos produciendo la misma cantidad que antes solo que ahora disponemos de diez veces más tiempo libre para dedicarlo a aquello que tiene que ver con nuestro bienestar y nuestra felicidad”-”.

 

Una paradoja. En esta genuina edad de las tinieblas en la que nos estamos adentrando a marcha forzadas, paradójicamente son los desheredados de la tierra los que están en mejor posición para hacer frente a los problemas. ¿Por qué? Porque viven en comunidades infinitamente menos complejas que las nuestras, porque mantienen una vida social mucho más activa que la nuestra, porque han sabido preservar una relación mucho más equilibrada con el medio natural y porque en último término son manifiestamente más independientes que nosotros.

 

El interés decrecentista de los países del sur. ¿Por qué en los países del sur se muestra un interés incipiente por un proyecto que en sus matrices fundamentales está volcado como propuesta para los países del norte? Se me ocurren, al menos, cinco explicaciones: la primera. Las categorías del sur y del norte arrastran determinados equívocos o simplificaciones. Hay países del sur que están a medio camino entre una realidad y otra. La segunda, en las megalópolis  del sur del planeta (México D.F., Sao Paulo y Buenos Aires, por ejemplo) muchas de las reglas del juego del decrecimiento son de aplicación inexorable.

La tercera. En el sur,  hay una conciencia clara de cómo las prácticas más habituales de los gobiernos reproducen de manera dramática las aberraciones mayores que nacen del productivismo y desarrollismo importados del norte del planeta.

La cuarta. Muchas de las sabidurías populares que se materializan ante todo a través de los conocimientos de los pueblos indígenas, guardan una relación estrecha con los principios que alimentan la filosofía del decrecimiento en el norte. Nos encontramos con una divergencia en términos de calificación nominal de las cosas que esconde, afortunadamente, una sintonía entre lo uno y lo otro.

La quinta. En el norte como en el sur, de manera espontánea, hay movimientos sociales cada vez más activos que apuesta por claridad por la gestación de espacios de autonomía que escapen a las reglas del  juego que imponen los sistemas dominantes.

 

Si no somos capaces de decrecer en virtud de un proyecto consciente, racional, paulatino, ecológico, social y solidario, nos veremos condenados a hacerlo de resultas del hundimiento sin fondo del capitalismo global.

POR UN CRECIMIENTO DE LA VIDA SOCIAL

Carlos Taibo defiende el decrecimiento como una forma para mejora de la calidad de vida de una mayoría. Una reducción de la jornada laboral, un aumento del tiempo de ocio y una apuesta por emplear éste en lo que Taibo denomina “la vida social” y el “ocio creativo”. Se trata de buscar la felicidad. Taibo se pregunta si “la vida que llevamos en sociedades marcadas por el trabajo y por el consumo es realmente la vida que nos gusta” (1).

La ausencia de relación entre progreso y crecimiento por un lado, y bienestar y felicidad por otro, es razón de peso para Taibo y su rechazo al sistema económico actual. Se trata de ver que, pese a que en los últimos decenios la renta per cápita y el PIB de muchos de los países del norte haya crecido de manera exagerada, los propios habitantes de los mismos no se consideran a sí mismos más felices de lo que lo fueron sus padres o las generaciones anteriores a ellos. En uno de los libros de Carlos Taibo, En defensa del decrecimiento: sobre capitalismo, crisis y barbarie, esta realidad se presenta de forma muy significativa: “El hecho de que en Francia el PIB haya crecido doce veces entre 1900 y 2000, ¿significa que los ciudadanos viven doce veces mejor? En este mismo sentido cuando en 1998 y en una encuesta, se les preguntó a los ciudadanos canadienses si la situación económica general de su generación era mejor que la propia de sus padres, menos de la mitad de los interrogados -44%- estimó que así era, y ello pese a que en este caso el PIB per cápita había crecido un 60% en el cuarto de siglo anterior” [2009:61].

 

La felicidad es un indicador individual del grado de bienestar personal. Si los datos demuestran que ésta no evoluciona al compás del aparente progreso significa que desde el sistema económico oficial se confunden bienestar y crecimiento de forma intencionada. El bienestar y la calidad de vida aseguran la longevidad de las personas; al respecto, Taibo llama la atención sobre una realidad: “Es hora de tomar en consideración seriamente la perspectiva de que la duración media de la vida humana empiece a decrecer de resultad de las contaminaciones química, atmosférica, radiactiva y electromagnética, de una alimentación desequilibrada…” [2009:84]

 

Bien es cierto que en lugares con un nivel de desarrollo inferior, el crecimiento se traduce inequívocamente en bienestar, pero “el hiperconsumismo al que se entrega buena parte de la población de las sociedades opulentas es antes un indicador de infelicidad general que una fuente de felicidad exultante” [en Decrecimiento. Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana, 2010:11]. Taibo presenta el consumismo como una forma de vida carcelaria que, como una droga, distorsiona la realidad haciéndonos cree que somos felices.

 

Por ello es necesario el decrecimiento, para cambiar los valores e implantar aquellos que apuesten por “la vida social, el altruismo y la redistribución de los recursos frente a la propiedad y el consumo ilimitado” (2). Con ello, el dinero sería valorado muy por debajo de lo que se valora ahora, el trabajo sería una cosa más de entre tantas, ni obsesivo ni esclavo, y el ocio tomaría una connotación muy diferente. Porque, “aunque el decrecimiento puede poner en peligro el nivel de vida de una minoría de la población planetaria, lo hará a costa de acrecentar sensiblemente el grado de felicidad y bienestar de una mayoría” [2009:73].

 

 

Referencias:

(1)   IGLESIAS, M. 2009. Decrecimiento. Entrevista a Carlos Taibo en Revista Fusión. http://www.carlostaibo.com/articulos/texto/?id=323

(2)   TAIBO, C. 2009. En defensa del decrecimiento en rebelión.org. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82648

TAIBO, C. 2009. En defensa del decrecimiento: sobre capitalismo, crisis y barbarie. Madrid. Catarata

TAIBO, C (dir.). 2010. Decrecimiento. Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana. Madrid. Catarata

BIBLIOGRAFÍA INTERESANTE DE CARLOS TAIBO

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